Verdugo de mí mismo
Esa manía de fustigar
mis propios sueños
como estrategia redentora
de pecados sofisticados.
Voy repitiendo,
por esquinas oscuras,
que mi salvación es sospechosa,
muy a pesar
de mi arrepentimiento
flagelado.
Posiblemente terminaré
en la indefinición
de lo ridículo.
Los sueños no sirven
para la reflexión.